En mayo 2005, estuvimos en México DF y Querétaro, realizando nuestra labor. De este viaje, reproducimos un breve y revelador diálogo con MARÍA DE LOURDES BARRIENTOS, a quien atendimos en una sesión uni-personal.

María de Lourdes Barrientos (Mexicana)

Ronald: Lourdes, estuviste varias horas hablando contigo misma, cuéntanos. .
.
Lourdes Barrientos: Ronald, eres muy viejo, pero joven de corazón, vives con gusto. Fíjate lo que me ha revelado la abuelita. Fuiste mi hijo en una vida pasada, y cuando tenías doce años, con todo el dolor de mi corazón, tuve que entregarte a una tribu, pero no por algo malo, sino porque tú tenías que seguir tu camino, tu progreso, y descubrir un conocimiento, que posees ancestralmente. Me permitieron ver todo el ritual de entrega. Entregué tu espíritu, porque tenías que formar parte de un todo, y así pudiste lograr ese conocimiento, esa sabiduría. Durante mi trance te observaba, y vino a mi mente, tu imagen, de un joven de unos 17 años, muy valiente, muy valeroso.

Me quedé sorprendida porque te tuve que entregar a los doce años, y después te me presentas a los 17 años, pero ya como todo un guerrero nativo, con estirpe, y muy mental.

Ronald: Eso era en Perú, me engendraron en Perú o aquí en México?

Lourdes Barrientos: En Perú. Vivíamos allá; éramos serranos de un pueblo nómada. Donde se nos ocurría, ahí armábamos nuestra casa, aunque era un lugar todavía muy inhóspito; no había forma de poder ingresar a esas zonas;
y los únicos que podíamos ingresar, éramos nosotros. Mi compañero era hábil para encontrar caminos; era un buen guía, era un caminante, quizá un chasqui, que recorría por las orillas de los ríos, de un pueblo a otro pueblo.


¡Muy padre! que me hayan permitido ver todo eso. Fue muy doloroso; el alma se me hizo pedazos, pero tenía que cumplir con ese mandato de arriba. Lloré, me dolió, como no tienes idea el desprenderme de ti, porque inclusive me hacen sentir, cómo se me estira el vientre. Te tengo que dejar ir, porque eres un espíritu de luz, y tú tenías que seguir desarrollando tu conocimiento, tenias que continuar tu camino. Yo no te podía frenar; te había prestado el vientre para que vinieras, mas no tenía el derecho para retenerte. Lo que tenía que hacerse, tenía que ser, y ni modo, lloré como no tienes idea.

El volver a encontrarnos, es volver a darte un abrazo y un beso de mamá y quererte; y no sabes cuanto amor siento por ti. Si, ahora que me lo han revelado, que bárbaro. Algo teníamos que cerrar ahora; algo que no concluimos en vidas anteriores, se reveló y tenemos que cerrarlas ahora. . .

Y déjame decirte que a la abuela (ayahuasca), le hacen un ritual. Es respetada, como no tienes idea; es una gran deidad, y para poderla llevar, hay que ponerle sedita. Es un ritual realizado con un respeto absoluto. Cuando a ella la esperan. . . ¡oh¡ que cosa tan hermosa me han permitido ver. Éramos errantes, andábamos por los cerros, subiendo y bajando, y donde se nos daba la noche, ahí hacíamos nuestra casa. Fuimos nómadas cien por ciento.

De todo este trance, en el momento, me costó mucho trabajo entender qué es lo que me estaban manifestando; me llegó el mensaje que íbamos de pueblo en pueblo, y en una de esas estancias, estoy en el campo, en la selva con muchas cosas, pero no tenemos oficio ni beneficio, o sea, vivimos la vida, viendo por donde nos lleva, y cuando me presentaron a mi compañero, me lo presentan viéndote a ti, y entonces me quedo pensando ¿qué pasa aquí?

Entendiendo luego, que la conexión ya estaba hecha. Me hizo pensar muchísimo, pensé qué es lo que pasa con todo esto, haber, ¿cuál es la vida que vivimos en ese momento?, ¿qué es lo que me tocó experimentar?.

Entonces, visualicé la película en retroceso, y ahí es donde yo descubro todo el engranaje; como que se me abre todo el panorama para darme cuenta.

Además, te hacen entrega de muchos honores, eres muy antiguo, eres un espíritu muy viejo y te interesa mucho, adquirir sabiduría. Pero acuérdate que la sabiduría, es nada más, lo que es; Dios es otra cosa… Nunca pierdas la fuente de donde vienes . . .